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Mauro Miceli Consigli (Maum)

Co-creador de un mundo mejor para todos los seres. Humanimalecolog-ista activista pacifista pro-salud natural. Comunicador y emprendedor social.

Mauro Miceli Consigli (Maum)

Mauro Miceli Consigli (Maum)

Co-creador de un mundo mejor para todos los seres. Humanimalecolog-ista activista pacifista pro-salud natural. Comunicador y emprendedor social.


En pocas palabras, intento ser lo más feliz posible y que todos los seres (no sólo humanos) lo seamos, lo cual me llevó a que hoy sea meditador de Vipassana; naturista; vegano; cada vez más crudivegano;  ecologista; minimalista; consumidor responsable y pacifista; a estar incursionando en la emprendeduría social y la permacultura, y a saber y compartir que la espiritualidad pura (libre de intereses corruptos, dogmas y sectarismos) es necesaria para terminar con los problemas sociales, porque la raíz de ellos es la falta de paz en cada uno de nosotros causada por la ignorancia de verdades que debemos experimentar. Por otro lado, la vida me llevó a ser artista ocasional (principalmente fotógrafo y percusionista) y geek (aficionado a la tecnología y la informática) e intento poner eso al servicio de todos los seres.

 

Si te interesa leer mi autobiografía y/o contactarte conmigo, desplazate hacia abajo.




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AUTOBIOGRAFÍA

Escrita en agosto del 2014

Nací en el '91 en una familia bastante unida, amorosa y económicamente estable. Siempre recibí, materialmente, todo lo que necesitaba y más aún: servicios de educación y salud privadas, clases particulares de lo que quería, salidas, juguetes de sobra y muchos viajes, tanto familiares como escolares, pero, emocionalmente, si bien en general estaba feliz, los momentos de enojo y angustia eran cada vez más comunes a medida que crecía. Esto se debía, por una parte, a lo normal en esta cultura, que es que los padres no tengan el conocimiento que permite mantener una estabilidad emocional (lo cual implicó dos cosas: el impacto directo de sus emociones negativas en mí, y que yo tampoco supiera mantener mi estabilidad emocional), y, por otra parte, a que, sumado a eso, en el colegio muchas veces me tomaban de punto y me dejaban de lado por ser distinto: me gustaba el arte (tomé clases de dibujo y pintura; luego de batería); no me interesaban tanto las chicas (y las que me atraían no gustaban de mí) ni el fútbol; me pasaba horas jugando frente a la computadora; y practicaba skateboarding.

 

A partir de los diez años de edad empecé a desarrollar mi autonomía ideológica, y comencé a filosofar, cuestionar, investigar, debatir y cambiar consecuentemente (los primeros cambios que recuerdo son que dejé de creer en Dios porque no me parecía razonable su existencia -ahora, más que creer, sé que existe, y que es lo único que existe-; que me dejó de interesar el fútbol porque empecé a percibir los intereses de lucro y su influencia social negativa; y que empecé a explorar música por mi cuenta al entender que a través de los medios masivos se decidía qué música popularizar). Gracias a esto y a un cambio de colegio (se lo pedí a mi madre, probamos un año más y luego fue definitivo) de orientación artística y humanística, desarrollé mucho mi autoestima y comencé a vivir muchas experiencias nuevas. Con el tiempo y durante los años fui enterándome de más problemas sociales que al parecer pocos veían y menos aún le daban importancia (como la influencia de la publicidad y del modelo de imagen de la mujer, al notar que mis amigas compañeras de la secundaria se obsesionaban cada vez más con su cuerpo, lo cual derivaba en problemas de alimentación, horas en el gimnasio y gastos excesivos en ropa; o como el sufrimiento y muerte innecesari@s de millones de animales para productos de consumo habitual y masivo, con todo lo que esto implica, además, para el medioambiente -cosa que me animé a ver dos años después de egresar-, entre muchísimos otros), y progresivamente fui decidiendo enfocar mi vida en encontrar la solución a tantos problemas cuestionando, buscando, encontrando, experimentando y difundiendo las herramientas y conocimientos que considerara benéficos para todos los seres que habitamos este hermoso planeta.

 

Paralelamente, nunca dejé de buscar intensamente la felicidad (profunda y estable): muchas veces creía haberla encontrado (en los amigos; en la música; en el deporte -hice mucho parkour durante unos años-; en el amor de pareja; en la fotografía; en el sexo; en el alcohol; en los viajes; en la naturaleza; en las relaciones abiertas; en el vivir experiencias nuevas; y hasta en el voluntariado) para después darme cuenta de que no lo había hecho, y que, al contrario, despúes de cada ola de éxtasis me encontraba menos feliz que antes. Para lo único que me sirvió todo eso fue para que deje de buscar fuera mío.

 

Durante los últimos años de la secundaria, pero sobre todo después de egresar, empecé a conocer, a través de internet y de los nuevos ámbitos de mi vida, a muchísima gente con gustos e intereses similares a medida que yo cambiaba. Cada nuevo lazo derivaba en nuevas experiencias, y cada experiencia derivaba en nuevos lazos, y de cada experiencia y de cada lazo aprendía más y más sobre diversos temas desde un nuevo punto de vista: ecología; feminidad; alimentación; salud; espiritualidad; educación; economía; y más. De entre miles de experiencias durante los dos años siguientes a mi egreso, destacan en mi memoria: un viaje de mochilero con amigos al Norte argentino en el que volví a dedo solo desde La Quiaca hasta Rosario; haber dado varias veces abrazos gratis (la primera fue espontánea, de a 20 y sin cartel); más de un año estudiando en un conservatorio;  varios meses de participación en Un Techo Para Mi País (ahora “TECHO”); dos cursos de El Arte de Vivir; un curso de barman y un año más tarde unos meses trabajando como barman; formar parte de diversas manifestaciones; encuentros sexuales frustrados; unos meses de trabajo como fotógrafo en recorridos nocturnos por pubs; un viaje corto a Uruguay con una amiga; un viaje de un mes a Italia con mis primos; dos meses viviendo con una amiga; un tiempo trabajando como community manager desde mi computadora administrando mis horarios; un año estudiando y tocando en vivo con una banda de percusión por señas; y unos meses en los que unas pequeñas colaboraciones se convirtieron en una dedicación total y multifuncional en Arcoiris Universal, una organización ideada por un amigo.


Poco a poco, durante todos esos años, un poco yo acercándome a ella por propio interés y otro poco ella acercándose a mí a través de personas que conocí, fui entrando en contacto con la espiritualidad: la ciencia-arte de ser felices y hacer felices a otros mediante la obtención por experiencia propia de profundos conocimientos sobre la Vida. En verano del 2012, una amiga que conocí por medio de aquella organización me pasó el dato de algo que ya antes había escuchado hablar y me interesaba mucho: un curso de meditación de 10 días en silencio... y no dudé en anotarme. Así fue que llegó el punto de inflexión más fuerte de mi vida: mi primer curso residencial de meditación Vipassana. Ahí entendí mediante mi propia experiencia que la felicidad no está afuera de uno sino adentro, porque finalmente la encontré; fue lo que podríamos llamar “mi despertar espiritual”. Volví a sentir profunda paz, felicidad y presencia, y recordaba todos los momentos de mi vida en los que había sentido eso, y cómo habían ido disminuyendo en cantidad e intensidad a medida que había ido creciendo. [Para quien le interese, pocos días después escribí una nota compartiendo mi experiencia y reflexiones relacionadas]

 

Desde ese momento estoy mucho más y cada vez más tranquilo y centrado, aunque, por supuesto, como quienes están en un camino espiritual imaginarán, volví a perder ese estado muchas veces, porque hay mucho que seguir aprendiendo para poder mantenerse así diariamente, y más en una vida de ciudad. Pero, en retrospectiva, se siente como si hubiera pasado de una tormenta eléctrica en el medio del océano a unas olas cerca de la orilla, y como si esas olas fueran cada vez más pequeñas y suaves, y yo pudiera acompañarlas cada vez mejor. Pasé de un círculo vicioso a un círculo virtuoso; de estar cada vez menos feliz a ser cada vez más feliz. Recomiendo profundamente estos cursos porque la técnica es totalmente universal (proporciona beneficios a cualquiera que la practique), pragmática y libre de dogmas y sectarismos, y funcionan únicamente en base a donaciones y voluntariado de quienes hayan hecho al menos un curso.

 

A partir de entonces sigo haciendo retiros de Vipassana; compartiendo y ayudándonos con cualquiera que esté en la misma búsqueda; leyendo teoría que junto con la práctica ayuda mucho (pero que sin ella confunde). Por otro lado, la Ayahuasca me sirvió (a mí sí, pero conozco a quienes no les fue de ayuda) para experimentar y entender varias verdades (recordar el infinito nivel de Amor, felicidad y Paz que uno puede sentir), lo cual facilita la tarea; y también me fue de ayuda haber hecho hace poco un taller intensivo de Un Curso de Milagros, y más estar en pareja con alguien con quien la relación se armó natural, armónica e inesperadamente, sin que ninguno lo buscara.

Por otro lado no dejé de vivir experiencias nuevas, de participar en proyectos y organizaciones que apoyaba, de tener maravillosos encuentros con amigos, pero dejando que todo eso ocurra naturalmente, ya no buscando la felicidad ahí sino simplemente disfrutándola y aprovechándola cuando se manifestaba. Dejé de desear el alcohol y la marihuana; dejé de necesitar tanta intensidad; incluso dejé de necesitar viajar. Es que ahora ya sabía que la felicidad no estaba ahí y la encontraba cada vez más seguido. Naturalmente empecé a establecer relaciones muy armónicas y a armonizar las existentes (hoy me llevo con mi familia mejor que nunca) e incluso algunas antiguas, y todo esto me ayuda enormemente a intensificar y estabilizar mi armonía.

Me siento muy agradecido por todo esto.

 

Con todas estas experiencias comencé a comprender que mi búsqueda de la felicidad y mi búsqueda de un mundo libre de problemas estaban íntimamente relacionadas, porque me di cuenta de que sólo somos capaces de perjudicar a otros cuando no estamos en paz, cuando no somos felices, porque intentamos llenar esa falta con algo externo y no nos importa perjudicar a otros para conseguirlo. Es decir, los problemas sociales nacen de esa falta de paz, y no van a terminar a no ser que estemos en paz internamente. Los problemas son síntomas de la falta de paz, por eso no debemos intentar solucionarlos externamente, porque su raíz es interna.

 

Así es que hoy, con más certeza que nunca, considero que lo más (o lo único) importante, tanto para cada uno como para el mundo, es el desarrollo de la felicidad real (interna, independiente de lo externo), que se consigue mediante la reestructuración profunda de la mente gracias a prácticas y experiencias espirituales puras que nos brindan el conocimiento necesario para lograr este cambio interno-externo cada vez más rápidamente.

 


 

Te invito a ver lo que comparto en mi blog y en las redes sociales.

 

Aliento el cuestionamiento y la investigación propia, principalmente mediante la experimentación, de todo lo que comparto. Si estuviera compartiendo algo que vaya en contra de mi propósito, me encantaría saberlo lo antes posible.

 

Para comunicarse conmigo, escribirme por correo-e o por Facebook.

 

Que todos los seres seamos realmente felices :)

 


Estas son las organizaciones, proyectos o emprendimientos en los que colaboro o colaboré. Para más información sobre cada un@, hacer clic en su nombre. Para más información respecto a mi participación, ver mi Curriculum Vitae en Linked In.



Estos son amigos que también se dedican a co-crear un mundo mejor por medio de la comunicación.


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